Baskin Robbins


Seguramente era verano, debió serlo.

Era quizá la razón por lo que Cholula estaba casi desértico. Los comercios a las orillas de la UDLA por la mañana permanecían prácticamente vacíos.

Sólo se veía a lo lejos a dos adolescentes sentados en la terraza del Baskin Robbins. Ambos con semblante relajado disfrutando el medio día.

La pregunta es ¿Qué hacían los dos en esas fechas, paseando por las calles cercanas a la universidad?

La respuesta: Ser felices y comer helado

La coartada: Ir a tutorias de matemáticas en los negocios, estudiar por una hora sobre derivadas e integrales y dejar un rato libre para el helado

Ella con el cabello castaño y revuelto por el aire, saboreaba su helado de chocolate con chispas de chocolate, chocolate líquido, trozos de almendra y malvaviscos a una velocidad casi olímpica, las dos bolas que descansaban en el cono no llegaban a escurrir ni un poquito por el calor, ni siquiera daba tiempo. En cambio el helado de él, era más modesto. Quizá de algo frutal y por su puesto que se escurría. De hecho parecía que no había cono, sino solo manos chorreadas.

Él con su gorra y pants mucho más alto y grande que ella, platicaba la mayor parte del tiempo. Por eso el helado se escurría.

-¿Cómo van las cosas con tu papá?

-uy, ni preguntes.

-Ok, supongo que no tan bien.

Ella casi terminando su helado, voltea la vista a él y con una expresión seria le responde – Pues ya sabes. Las cosas están difíciles. Quizá si pudiera hablar con él o ir por un café saldrían a flote muchas cosas. Pero si te confieso algo, me da pánico estar cara a cara con él.

-Been there. Contestó él, ya por fin disfrutando de su helado porque ahora sí ella había empezado a hablar.

-Mi papá es una persona complicada, tiene su caracter y me da miedo. Cuando se pone de rencoroso no hay forma de sacarlo de ahí. Es como si hubiera un muro enorme. Una pared gigantesca.

A veces me pasa que quiero llegar y contarle algo, pero cuando ya estoy cerca, me detengo en seco. Simplemente me da miedo. Me bloqueo.

El helado se terminó, y la hora de catarsis también.

Ambos amigos salieron del baskin robbins con la sonrisa característica de cualquiera que come helado.

Como dice el buen amigo Tie  ” las personas que comen helado son felices” esa frase la escuchó de un señor de 70 años que para su edad lucía bastante feliz

Este post fue escrito por Malenkiki el 12 de Mayo del 2014 cuando el reloj marcaba las 18:19

 

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